> Un buen recuerdo del NOA y Añatuya.

- Por Fede Pallés (Texto original: Abril de 2004) -

 

El lunes 5 de abril de 2004 partí hacia la ciudad de Añatuya, tanto para visitas familiares como para relevar un desvío que se desprendía al norte de Los Juríes.

Luego del afectuoso saludo de un grupo de lectores amigos que se encontraban en Estación Retiro, me aposté en mi asiento de clase turista en el tren “El Jardín de la República” de la empresa NOA. El andén 8, una vez más, despedía una larga formación, la que todos los lunes a las 18:30 parte hacia San Miguel de Tucumán (también lo hace los viernes a las 16:10 hs.)

El tren estaba conformado de la siguiente manera: 9093, FC 1836, CT 1467, CT 1427, CT 1518, CT 1525, CT 1530, P 1087, P 1081, P 1033, P 1079, P 1020, P 1107, RA 917, PA 411, DA 2063, OF 8, FC 1726.

A la hora señalada la GM empezó a moverse, y tras ella, nuestra formación. Saludé a los chicos y a mis viejos y entonces sí me acomodé, junto a Nilda de Serrano (mi flamante compañera de viaje), en el CT 1467, al lado de la 9093, mi lugar preferido, no solo porque está cerca de la máquina, sino porque me permite ver el tren completo en las curvas. La imagen de los 17 coches retorciéndose en la ciudad resultaba espectacular, tanto para mí como para los peatones que cruzaban en pasos y estaciones. Como era de esperar (en los '90 se dispuso que los trenes locales tienen prioridad...), nos fueron parando por señales cada rato, logrando una lenta e interminable salida de la zona local, seguramente, por tener un tren eléctrico delante. Cuando pasamos por Colegiales, salía liviana hacia Retiro una Alco de NCA, y detrás de ella me vengo a encontrar con Elvis (Gustavo Bonetto) y Martín Cornejo, a quienes saludé con medio cuerpo fuera de la ventanilla... ¡qué casualidad!.

A todo motor pasamos Colegiales y enseguida el maquinista bajó puntos por una nueva señal en peligro... Y así seguimos a paso de hombre hasta José León Suárez.

La hermosa vista del tren en las curvas me obligó a estar asomado por la ventanilla prácticamente toda la hora que demoramos en salir del Gran Buenos Aires. ¿Ya te aireaste? (Me decía Nilda, hija de un ferroviario de Remedios de Escalada). A ella la conocí minutos antes de partir, a raíz de compartir el asiento doble de cuerina marrón que aún sobrevive de la época de Ferrocarriles Argentinos. Frente a nosotros, viajaba una familia (en los asientos triples) y un mochilero que, una vez en Tucumán, pensaba tomar un carguero del F. C. Belgrano para llegar a Salta y desde allí seguir la aventura por Bolivia. Cuando dejamos detrás Suárez y sus lúgubres talleres, “el NOA” empezó a tomar velocidad y por fin el coche se ventiló. Me distendí, luego de haber gozado segundo a segundo aquella salida, y entablé charla con mi compañera y el mochilero, a quien señalé algunas cuestiones en cuanto al viaje en el carguero (en verdad describí mi experiencia en La Travesía Final). Al rato apareció Diego (empleado del tren) a quien conocía de... ¿se acuerdan de la FAC?, bueno, de esa época. Como él estaba de guardia, fuimos a recorrer el tren... A esa altura estábamos pasando por Escobar. En el furgón FC 1836 había varias cosas: muebles de todo tipo, cubiertas de camión, paquetes cerrados, motos, bicicletas, perros y gatos (enjaulados), etcétera.

Paramos en Dique Luján a esperar AUV (y yo, ingenuo, pensaba que en el ramal a Zárate todavía se usaban las señales de brazo!!!) y de ahí le dimos derecho sin más interrupciones, siempre a una velocidad de 60 a 70 km/h. Volví al coche porque Nilda iba a estrenar el termo, y yo le prometí ir a buscar agua... Imaginen lo que se tarda desde donde yo estaba hasta llegar al Restaurante, pasando por 10 coches, abriendo y cerrando un total de 44 puertas... ¡media hora entre ida y vuelta! Pero este tren tiene algo bastante original: en uno de los coches de Turista y en uno de los de Primera, sobre las piletas, se halla un termo gigante (tipo surtidores para mate listo) en donde uno tiene agua caliente durante todo el viaje, gratis. De todas formas fui al Restaurante, a comprar algo para comer, así que a las puertas me las banqué sin opción. En la recorrida, vi muchos asientos vacíos, en especial de primera, todos con una funda como los primeras del “Brujita” de FA que iba a Rosario. El NOA no es un tren lujoso, pero, a comparación de Ferrobaires, tiene la virtud de tener luz en todos sus coches (algo totalmente básico, pero que en la Unidad hoy día es un paradigma).

El restaurante es un Werkspoor, con sus puertas pesadas, su blando andar y su lujo acentuado antes que su funcionalidad. Lástima que le falta un poco de decoración, para mi gusto. Hasta allí se puede llegar, ya que después se ubica el único coche Pullman del tren, y la gente que viene de las clases mas bajas no puede acceder a ese sitio, modalidad que se repite en todos los trenes de larga distancia con servicio Pullman.

En fin, volví con un par de sandwiches y el agua para el mate. Mi asiento daba a la ventanilla, tal como lo había pedido en Retiro, pero hasta Rosario iba con el parante molestando la vista. A partir de allí, esta molestia desaparecería.

Saliendo de Zárate, empezamos a levantar una polvareda impresionante que penetró ineludiblemente en el coche, decorando vidrios y tapizados. Pasamos por Lima (la estación a la que iba a llegar TBA supuestamente... ¡todavía lo están esperando!) y la sucesión de estaciones que se emplazan a la par del río Paraná. Por estos tramos anduvimos a una velocidad de 70 a 90 km/h. Es una lástima saber de la inseguridad que ronda en este sector de la provincia, una zona industrial que en los años ‘90 quedó prácticamente inactiva.

Si hay algo que no pasa hace años, es una cruzada de trenes de pasajeros en la línea general del Mitre... Antes de llegar a Rosario Norte (una vez dadas las mil y una vueltas para sortear la ciudad, acompañados de terribles piedrazos), nos detuvimos (justo a la medianoche) a metros de un paso a nivel por donde aún pasan trolebuses. Al rato nos pusimos en marcha y detrás de una curva apareció una luz que evidentemente era de una locomotora... ¿un carga de NCA? No, ¡era el tren de Santa Fe (el Rosarino de TBA) que venía con día cambiado por ser feriado!. Pasó raudo con su Alco RSD-39 amarilla y seis coches, intercalados los bordó y los celestes y blanco, logrando una imagen estéticamente desagradable, pero no por eso opacando la alegría que causa ver dos trenes de larga distancia en el Mitre. Momento después, pasamos por el cabín 8, cruzando a nivel la vía doble del Belgrano (en la actualidad sólo se usa una), sin dudas, uno de los cruces mas grosos de Argentina.

“Paaaaaaanadero...” se oía desde el tren, una voz ronca y cansada. El vendedor ese día tuvo que ofrecer sus productos para dos trenes que llegaron con diferencia de minutos a Rosario Norte. Nuestro coche quedó en plena oscuridad, fuera del andén techado, en un lugar aún más triste que el resto de la estación, con la vista al fondo del acceso a Rosario Central, todo desmantelado y destruido... Nunca voy a entender por qué los rosarinos se ensañan tanto con el ferrocarril.

Compramos el clásico pan con chicharrón y a los 15 minutos partimos sobre nuestros pasos para empalmar con la vía a Tucumán. Aquí, en Rosario, sólo subieron unas 30 personas, todos con pasajes sin comodidad (aunque lugar había. Solamente Retiro, La Banda y Tucumán venden pasajes con asiento).

Una vez que pasamos bajo el puente jaula del Belgrano y la estación San Lorenzo -en donde cruzamos un carguero de FEPSA-, ya no quedaba nada interesante para ver. Este era el momento ideal para recorrer todo el tren con Diego, que estaba de guardia. Lo más interesante fue conocer el OF8, usina oficial que, con sus dos motores diesel, abasteció de luz a ciudades como Cipoletti y Zapala. Actualmente solo cuenta con un motor Fíat, pero el coche solo se usa para el personal (originalmente tenía dos motores Caterpillar).

En el FC 1726 (ahora sí, al lado de la máquina) se encuentra el generador que abastece de electricidad a todo el tren. Es un motor Detroit Diesel, como el que usan los locotractores Cockerill.

Horas después de haber salido de Rosario, arribamos a Gálvez, y aquí vimos la estación del desaparecido F. C. Santa Fe: un hermoso edifico, modificado por la Municipalidad en uno de sus lados, con una fachada nueva y moderna, para nada compatible con el estilo original. En Gálvez, ambos FFCC tenían una playita de intercambio, cuyo mapa aún podemos encontrar en el cabín “norte” de la estación de NCA. En la oscuridad y soledad de la madrugada, nos despedimos de la ciudad, con un solo pasajero que se agregó a la formación.

Pasamos y cruzamos a “La Minera” antes del amanecer, un clásico de la vía Tucumán. Hacia el oeste, se apreciaba un hermoso paisaje del amanecer y la luna llena aún refulgente sobre la llanura... Algunas palmeras solitarias, embellecían la planicie.

Dormí en un asiento de primera (de los que habían quedado vacíos) y desperté por el griterío de gente que se dirigía al baño a asearse. Decidí volver a mi coche, y en el camino encontré a los dueños del Santana Bar (Ramos Mejía), boliche en el que habíamos tocado varias veces. Siempre me pasa en estos viajes que encuentro algún conocido... ¡qué pequeño es el mundo!... O mejor dicho ¡qué pocos trenes que hay, que nos encontramos todos!

“El Jardín de la República” seguía su marcha, siempre a una velocidad de 40 a 50 km/h. Desfilamos sin mayores novedades por Rafaela y Sunchales, y de a poco, el paisaje verde y productivo comenzó a desaparecer; la pobreza en los pueblos se hace notar a medida que se avanza hacia el norte. Pronto entraríamos a una de las provincias mas cuestionadas (políticamente) que hayamos conocidos los Argentinos; en este momento intervenida.

Cuando salimos de Ceres, nos metimos en una vía nueva, montada a la derecha de la principal. Una tercera vía (también nueva, pero del lado izquierdo) se arrima a unos terribles silos que se están construyendo a un par de kilómetros de la ciudad. Llegué a contar más de 100 obreros laburando duro sobre los cimientos, chapas y cargadores de este complejo de almacenamiento de cereal (bah, soja... que será transportada en tren).

Quedé palmado desde allí hasta Icaño, ahora sí en Santiago del Estero, en donde desperté y (sin mucho tiempo para desperezarme) preparé mis bártulos. Una vez que me despedí de Nilda y los otros pasajeros, caminé unos cuatro coches hacia adelante, para bajar por lo menos en el andén. Al ratito nomás, arribamos a Colonia Dora, en perfecto horario (11:50). Enseguida apareció una Tráfic que iba a Añatuya y en ella subí sin pensarlo dos veces.

 

 

 


 

 

 

 

Un par de días posterior a mi llegada, partí hacia la “ciudad” Los Juríes (en verdad es un pueblo, pero en esta provincia se lo llama ciudad). Con la lluvia que había caído en esos días, los caminos que van al campo estaban totalmente intransitables, por lo tanto, se me hizo imposible entrar al paraje “Km 27” (Km 477). La ruta provincial Nº 7 que une Bandera con Añatuya (por Los Juríes) se encuentra en buen estado y actualmente se usa más que la propia ruta nacional Nº 98 que va derechito entre ambas ciudades, pasando por Tacañitas. Según los conductores de la zona, esta última es un desastre. En fin, volvamos a Añatuya a ver que hay de nuevo en la ciudad... (si esperabas buenas noticias, podes ir cerrando esta página...)

Los coches motores Ganz Mavag “M” que permanecían de pie aún 10 años después de la desaparición de los servicios, fueron sopleteados recientemente. Este “trabajo” incluyó algunos regalos adicionales, tales como el destrozo de las vías en donde estaban los coches, y, ya que estamos, el levantamiento de varios rieles. El panorama que se ve en el extremo sur de la estación es muy triste: el galpón de locomotoras destruido, las vías levantadas, un pastizal y un barrial enorme, basura por todos lados, y la silueta de un Ganz que sobrevivió al reciente desguace, gracias a que en él vive una familia que se resistió al desalojo. Y no son los únicos: en las afueras de la ciudad se acaba de tomar un barrio entero. Al parecer, todas maniobras políticas de los personajes tan queridos (por algunos) y odiados (por otros) que gobernaron esta provincia tantos años... Ustedes no imaginan de todo lo que me enteré en la ciudad, en sus primeros días de intervención; se vivía un clima similar al del regreso de la democracia.

Si todo este panorama (ferroviario y político) les parece trágico en cuanto a las posibilidades del regreso del tren, todavía falta lo peor. Un día salí con Mimí - vecina de mi tía -, en busca de alcantarillas y obras de arte sobre la vía a Bandera, lugar al que en este momento arriba el Belgrano cargas. Yo me preguntaba “si llegan a Bandera, ¿por qué no hacen un par de estaciones más y se unen con Clodomira?” Hay miles de hectáreas sembradas con soja en el centro de Santiago del Estero, cosechas que bien podrían salir en tren al puerto de Rosario o Santa Fe. Bueno, olviden la idea: cuando salimos de la ciudad, me encontré con cientos y cientos de vías y terraplenes que se están levantando EN ESTE MOMENTO (Abril 2004) para establecer sobre la traza ferroviaria, hornos de ladrillo. Todo estos destrozos se llevan a cabo a metros de la Ruta nacional Nº 98, por donde pasa a diario la policía, gendarmería, sacerdotes locales, inspectores de la CNRT, personal y jerárquicos del Ferrocarril Belgrano, y un largo etcétera. Con la moto anduvimos unos siete kilómetros, y nos cansamos de ver asentamientos sobre la vía, previo barrido del terraplén. En algunos lugares aún se asoman los rieles, como avisando que aún hay más para levantar. Y pensar que yo me angustié cuando vi los “pequeños” destrozos por el desguace de los Ganz.

Pero el pueblo de Añatuya no olvida al Ferrocarril, y ya está en marcha el proyecto de hacer un corsódromo en la estación, como en Gualeguaychú, otro golpe para borrar la idea del regreso del tren. Un poco escondido, en una de las oficinas del edificio principal, aún se halla un pequeño museo que por el momento se encuentra cerrado al público, ya que han desaparecido muchos objetos de valor. El encargado me dice "Acá en Santiago, al que quiere recuperar algo o luchar por alguna causa justa, pareciera que automáticamente se le vuelve el mundo en contra". Recordemos que en La Banda una vez se formó una cooperativa para salvar el servicio indispensable de Forres a Sumampa (el tren “aguatero”) y la respuesta que encontró del gobierno y los empresarios fue drástica: muchos de sus coches fueron incendiados y vandalizados, obviamente con evocaciones mafiosas en contra del proyecto. ¡No sé como hizo Rubén Sagristani para salir vivo del desvío Seghezzo!. Espero no ofender a nadie con estas impresiones, porque justamente, son simplemente impresiones personales de lo que viví en éste y otros viajes a Santiago del Estero.


El fin de semana salí a conocer la noche Añatuyense y me fue más que bien, en especial por haber conocido a “La Princesa” (Gabi) que es, sin dudas, la chica mas destacada de la zona, ¡un camionazo!. Con La Base sonando a full en toda la ciudad, las primeras luces del domingo se hicieron presentes... Mi último día en Santiago.


Llegué a Colonia Dora a la una de la tarde, dispuesto a esperar cuatro horas y un ratito la llegada del tren. En la estación hay un boletero de NOA, que en realidad es mecánico del tren. Según me comentó, el personal a bordo va rotando para hacer de boleteros en las diferentes estaciones intermedias.

El andén, las paredes y hasta las columnas están pintadas de verde, rojo y blanco, y en todos lados se lee la sigla “NOA”... Siempre me gustó ese estilo propagandístico de NOA, cosa que no vi en otras empresas de larga distancia. En verdad lo que se nota es que es una empresa que está bastante orgullosa de sí misma, más allá de sus defectos y, a la vez, busca incorporar clientes en vez de espantarlos. Algunos recordaran que “El Jardín de la República” arrancó en enero de 2001, con atrasos escandalosos y miles de problemas. Hoy en día es el tren de pasajeros que más kilómetros recorre en el país, y paradójicamente es uno de los mas puntuales, aún teniendo una sola locomotora para hacer 4.680 kilómetros por semana.

En el andén ya había gente que venía desde Quimilí a tomar el tren. Yo miraba continuamente hacia ambos lados, a ver si venía algún carguero de NCA, o, con suerte, alguna GP-40 con el tren de la minera, pero nada. “Los turistas paran desde el cartel hasta el paso a nivel” explicaba el mecánico/boletero a los pasajeros. Otra cuestión muy curiosa que me comentó, es que unos días atrás había pasado un tren con chatas, cargando sobre ellas coches de pasajeros de larga distancia de trocha métrica, en diferentes estados de conservación.

A las cuatro de la tarde (el tren pasa a las 17:13) la estación ya estaba completa de gente. Esta imagen de Colonia Dora era nueva para mí, ya que era la primera vez en mi vida que tomaba un tren del Mitre en forma descendente (o sea, hacia Retiro); todas las veces que había venido aquí o a Rafaela, regresé en micro.

Detrás del monte característico de la zona, reflejada en la vía, se divisó la luz de la 9093. Lanzó un bocinazo largo y entró a la estación. Detrás de ella empezaron a desfilar los coches de clase turista y pronto vi un grupo de asientos vacíos en el CT 1467 (el mismo en el que viajé a la ida). El pasaje que compré era “sin comodidad”, por ende, tenía que apresurarme en buscar un lugar, mas en un tren de domingo posterior a Semana Santa. Mientras la gente se agolpaba en los estribos cercanos a la estación, yo me arrimé al paso a nivel para subir tranquilo. Caminé por dentro hasta el coche señalado y, oh sorpresa, alguien me hace señas desde la otra punta del coche... ¡Era Nilda! ¡Y me había guardado un lugar desde Tucumán!. ¡Qué maestra!. Otra vez bien ubicado, en un lugar aún mejor que el del de ida, me dediqué a disfrutar las últimas horas de sol, viendo pasar de largo estaciones solitarias como Icaño, Real Sayana ó Casares. Cargamos pasajeros en Pinto y ya de noche, en Ceres, donde me quedé dormido.

Desperté a las 23:37, habíamos parado en Sunchales. En ese momento encendieron una GT de NCA que se encontraba acoplada con una GR-12, junto al andén de la estación. Escuché el comentario de que Boca había jugado con Rafaela en esa ciudad, lugar por el que pasaríamos en un rato. ¿Subirá la hinchada al tren? La gente empezó a rezar para que esto no pasara, y por suerte no pasó... Supongo que los hinchas ni debían saber que esa noche pasaba un tren que, por cierto, les hubiese venido como anillo al dedo para volver a Buenos Aires.

A pesar de que los fieles pasajeros del NOA (y las demás administraciones) saben bien sobre la lentitud del servicio, muchos pasajeros habían elegido el tren por falta de pasajes de micro, y se vieron sorprendidos al saber que el tren llegaría a Retiro ¡recién el lunes al mediodía!. (la lentitud es causada por el mal estado de la vía, que ha desmejorado mucho en los últimos 10 años, como en casi todos los ramales del país).

Y bien, cerca de las 5 AM llegamos a Rosario Norte... De nuevo el pan con chicharrón y el ritual de dar vuelta los asientos. Por comentarios de varios aficionados, sabía que el viaje por vía descendente era mas lento que el de ida, por la existencia de un diferente tipo de riel que jamás había sido renovado (las obras se interrumpieron a principios de los ’90). Sin embargo, al salir de Rosario, levantamos una velocidad hasta el momento no experimentada, de unos 100 km/h, sobre rieles soldados y muy bien alineados. Pero claro, lo bueno duró muy poco, enseguida empezó la tortura de un traqueteo de los más molestos que haya escuchado, y eso que a mí, supuestamente, no debería molestarme el bello sonido de las ruedas golpeando las juntas, pero debo confesar que, después de venir viajando más de 12 horas, no deseaba circular a 30 km/h. con un ruido molesto como lo estábamos haciendo en ese momento (molesto por ser en una vía balastada con piedra).

Sin mucho que contar, mas que una cruzada con el bobinero vacío, llegamos a Zárate. En la vía segunda estaba el local cargado de gente... ¡Y nos dejaron pasar a nosotros! (un milagro). Dejamos atrás Zárate y pasamos por debajo de la vía por donde en un rato circularía el tren de TEA proveniente de Posadas (ahora llega a Lacroze a las 12:08). Desde Rosario mi coche iba al fondo del tren... Mucho mejor, para ver la cara de fastidio o asombro (o las dos cosas) de la gente que esperaba el tren local, o simplemente que cruzaba la vía en los pasos a nivel. Algo interesante que noté en la vía doble a Rosario es que todos los cambios se agarran de talón, para poder pasar las estaciones a alta velocidad (léase, 130 km/h.). Es una solución muy ventajosa si tenemos en cuenta el riesgo que implica tomar un cambio de punta a esas velocidades, aunque en la práctica, ningún tren pasa a mas de 90 km/h en la actualidad.

En Campana cruzamos un carguero con la GT 9021 de FEMED... Ahora recordé algo: el boletero de Colonia Dora me había comentado que NOA iba a correr el tren a Córdoba, cosa que en realidad no es así. Según fuentes confiables, se habría formado una fusión entre NCA y Ferrovías para operar un servicio a Córdoba: Ferrovías se haría cargo del servicio y NCA de la tracción... Estos son comentarios que todavía hay que confirmar.

Y bien, entramos a la zona local, atravesando lentamente las estaciones del servicio eléctrico a Suárez. Al ratito pasamos debajo del puente del San Martín y apareció al fondo, imponente, el tinglado de la estación Retiro. Esta fue sin dudas, la entrada del país. Si uno se para en la plaza San Martín, junto a la torre de los ingleses, puede tener un panorama, o tal vez revivir el significado que tiene una estación de estas características, terminal que no hace muchos años llegó a despachar cientos de trenes. Hoy, podemos recorrer el andén 8 y por todos lados leer la marca “NOA, NOA, NOA”... Es lo que tenemos, y es mejor que no tener nada. Y ahora que hay un tren a Santa Fe y, con suerte, haya uno a Córdoba, de a poco le encontremos mas sentido a tan magnífica obra arquitectónica que representa mucho más que la terminal de los “Pumas” a Tigre, aunque difícilmente podremos llegar a la mitad de lo que era antes.

Abandoné el tren y las instalaciones y volví a casa, planeando en un futuro cercano, y de una vez por todas, poder llegar con este tren a Tucumán y hacer una nota que muchos me reclamaron y aún sigue pendiente. Ah, esta vez ¡prometo sacar fotos!


> Texto: Fede Pallés / Foto principal: Jorge Männtaras / Abril 2005 <

 

 

 

 

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* SATÉLITE FERROVIARIO   < VOLVER A PRINCIPAL DEL SAT <

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