¡La vuelta del Hornero!
> Primera parte: En Pullman, ¡pero General Belgrano!

-  P o r   C h i r o l a   D i p a s q u a l e   (Fotos y datos: Fede Pallés)  -


ndome al trabajo un viernes, me enteré por mi viejo que volvía el tren a Lincoln. Sorprendido por la noticia, pensé que Fede sería el primero con ganas de hacerse el primer viaje regular (o sea, con pasajeros, no el inaugural con los políticos). Entonces dejé pasar los días... (nunca supe nada sobre el viaje inaugural oficial).

Una semana después, me llegó un mail del susodicho, comentando que se iba a hacer el viaje en micro y volvería con el tren el penúltimo día del mes de mayo. Yo ni lerdo ni perezoso planifiqué como iba a hacer para ir, ya que tenía un finde bastante agitado con el cumpleaños de Bruno, uno de mis amigos.

Tras una noche del viernes bastante agitada, ni que hablar la del sábado, y con mucho alcohol en las venas, me fui desde Sarmiento y Rodríguez Peña caminando hasta la estación Once a las siete de la mañana. Cuando llegué tuve la suerte de no tener que esperar mucho la partida del eléctrico hacia Liniers, punto de encuentro para tomar el micro con destino a Lincoln.

Mañana fría del otoño porteño y yo llegaba ya de día al barrio con apellido de virrey. La Farola iba a ser el sitio donde recalara para desayunar y recuperarme de una larga noche -había dormido nada mas que cuatro horas en dos días-. Después de pagar el café con leche y las tres medialunas  fui rumbo a la Terminal de Ómnibus. Eran las ocho de la mañana, en cuarenta minutos salía el micro y Fede no llegaba.

Ocho y treinta y cinco minutos, el micro ya había llegado desde Retiro. Yo aún no tenía mi pasaje. De repente mi amigo Pallés llegaba presto a subirse al servicio cama del Pullman General Belgrano con destino a General Pico, la segunda ciudad en importancia en la vecina provincia de La Pampa. El estaba en las mismas condiciones que yo -medio dormido, con una noche bastante movidita y una buena dosis de etílico en las venas como para tolerar el frío-. Saqué el pasaje, pagando treinta y dos pesos. Bastante saladito el precio, pero bue, el servicio a bordo fue digno de pagar esa cifra.

     
 

En "Pullman", pero Gral. Belgrano

 

Ni bien subimos, uno de los choferes -que oficiaba de camarero- nos empezó a ¨mimar¨. Trajeron café y una bandejita con sanguchitos, galletitas y pavaditas que a uno le dan siempre en los micros. Para que se den una idea, estábamos viajando en una de las empresas que mas caro cobra, pero que mas cómodo tiene los asientos.

La niebla fue nuestra gran compañera hasta Chacabuco, donde febo apareció con todo y el calor se sintió dentro de la unidad. Al llegar a Junín yo estaba cocinándome dentro de mi campera de cuero y no veía la hora de salir del micro así tomaba un poco de aire.

Junín. Mediodía en el noroeste bonaerense. Sol a pleno, pero sin embargo no hacía calor, tampoco frío. Estaba lindo. El ómnibus había parado en la Terminal unos cinco minutos para levantar pasajeros. Aproveché para bajar y llamar a Buenos Aires avisando que estaba a una hora de nuestro destino y que hasta ahora el viaje estaba en su total normalidad.

Estando en la terminal me acordé de las veces que había ido a Junín dada su cercanía con Rojas, donde cada tanto viajo a visitar a mis amigos. También recordé mi anterior viaje en el Martita que duró casi siete horas y media, pero que había sido bastante generoso conmigo, pues me permitió hacer nuevas amistades y encima el guarda no me cobró pasaje a bordo.

Una vez salidos del casco urbano estábamos a la altura del puente de la Ruta Nacional 7 sobre la Ruta Nacional 188. Honestamente me dieron ganas de bajar del micro para ir a Rojas aunque sea unas horas. Pero mi destino era ir a Lincoln, ciudad con nombre de galletita.

Cuando el rodado pasó por la Laguna de Gómez volvió nuestra fatal compañera, la niebla. Pero esta vez era demasiado espesa. No se podía ver ni siquiera un metro por delante nuestro. Fede aprovechaba para entablar amistad con una bella señorita que vive en El Triunfo. Miren ustedes cómo el responsable del Satélite Ferroviario se encargaba de hacer relaciones públicas en pleno viaje!

Lincoln. Antes de llegar, estuvimos hablando con las personas que viajaban hacia esta ciudad acerca del tren y oh casualidad.... estaba el camarero del coche pullman del tren que iba a Once esa misma noche. Tras arreglar con el chofer del colectivo, descendimos justo en el paso a nivel donde se encuentra la estación. Puntualmente arribamos a las 13:10, tal como estaba estipulado por horario.


 

 

 

 

* Una estación IMPECABLE *

 

La estación estaba impecable, lúcida. La niebla era tan espesa que parecía Londres. Pero la estación brillaba con los ténues destellos que emitía el sol a través de las nubes.

Nos dirigimos a recorrerla por dentro y de paso nos acercamos a los dos coches que serían los encargados de llevarnos hacia la Capital Federal, a poco más de 312 kilómetros de aquí.

La escueta formación se componía de un "P" (primera) sucio, grafitado, roto y con algunas ventanas trabadas, junto a un coche "PA" (pullman) demasiado pulcro que tenía un esquema tan pero tan feo que no parecía digno de circular en las vías argentinas. Pero bue... la UEPFP pinta a su manera los coches y son ellos los que ponen a circular este tren. Y a veces uno prefiere ese  esquema feo antes que nada.

El generador del pullman ya estaba a pleno antes que llegara la máquina desde Bragado. Con bocinazos cortos, apareció entre las tinieblas al sudeste. Arribó casi una hora antes de la partida de la formación. Y seríamos testigos de cómo la misma iba a ser girada en la mesa para que vaya la trompa corta de frente.

Cuando estábamos prestos a ver como giraban la máquina, encontramos un aficionado que se hizo el viaje de ida desde Haedo y pensaba volver de igual manera. Ya éramos tres los viajeros que le íbamos a hacer el aguante al tren: Fede, Alejandro y yo.

Una vez que ayudamos a girar la máquina, pensamos que quizás iba a haber algo de onda para viajar en la 9083 aunque sea hasta Bragado. Pero no, estuvimos equivocados.

Nos fuimos a recorrer entonces, las calles en busca de provisiones para llevar a la travesía. Descubrimos que el pueblo era lindo, apacible y agradable, más allá de la densa niebla que nos acompañó en plena tarde. Pensar que a menos de sesenta kilómetros estaba soleado y el clima era ideal para pasear. 

Compramos bebida, alimento y volvimos a las vías. Nos ubicamos dentro del primera después de haber sacado pasaje hacia Once. Nunca imaginé empezar este viaje al revés como lo estábamos haciendo, o sea, desde el campo a la ciudad... Pero bueno, al fin nos dimos el lujo!

Pasaron los minutos y apagaron la locomotora (algo le pasaba). La prendieron de nuevo a las 14:26 y de a poco la gente llegaba sobre la hora de partida del tren. Esa costumbre tan característica que hay en la mayoría de los pueblos del interior de llegar muy sobre la hora de la partida del convoy, esta vez no hizo excepciones. Arriba de la formación no había mas que un 30 al 35 % de la capacidad del pasaje. El tren debía salir a las 14:45. Al parecer se ganaron diez minutos más en comparación al viejo horario que salía 14:35 los domingos.

( Antes de la partida: la gente observando los boguies y dando erradas explicaciones a sus hijos )


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( "La vuelta del Hornero" - Segunda parte )


 

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Copyright © 2002 Cúmulos Nimbos. Reservados todos los derechos. Revisado: 23 de septiembre de 2009 .