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Exploración a Carabelas |
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Segunda parte:
Rumbo al ramal G-6 |
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Texto y
fotos: Fede Pallés
y Alejandro Braulke |
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(El
siguiente relato fue escrito y editado entre junio y julio de 2004 -
No posee modificaciones desde entonces) |
¡Todos a
bordo! La 6768, esta vez no nos tenía que fallar. Nos
alejamos de la vía tercera en donde estábamos, e ingresamos
a la playa a acoplar los cinco primeros vagones que
entrarían al ramal luego de dos años sin trafico. El motor
de la alquito, estremecedor, realmente me llegaba al alma,
aún manejándonos en punto 2 o 3, como lo hacíamos en estas
maniobras... ¡Que ansiedad! El clima estaba cambiando.
Y bien, a las
11 de la mañana dejamos atrás Pergamino. Tomamos los
cambios a Vedia, pasamos el río Pergamino y nos separamos de
la "G" (principal a Bs.As.). Luego cruzamos la ruta 8, pasamos por
el costado de un country, cruzamos la ruta 8,
el puente sobre el ramal del San Martín a Junín (de esto voy
a hablar mas adelante) y
miles de hectáreas sembradas con soja, un negocio que un
unos años nos va a dejar sin tierras. A pesar de ese dato,
el paisaje, ¡hermoso!.

(Ramal
Pergamino-Junín del ex F C San Martín. Actualmente solo se
usa hasta Rojas. Foto: Ale Braulke)
Hasta acá,
más o menos la vía estaba a la vista, ya que hubo un intento
de desmalezamiento con un camión de vía que terminó fallando
luego de unas horas de trabajo. Pero una vez arriba del
terraplén, perdimos de vista los frágiles rieles del CGBA.
De ahora en mas, circularíamos encomendados al Señor: solo
debíamos confiar en que debajo del pasto, todo esté en
orden... ¡como hace dos años!.
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Despacito y
sin patinadas, descendimos a tierra firme, luego de haber
descrito una "S" para saltar sobre la trocha ancha. Los
postes de telégrafos, añejos y olvidados, volvían a ver el
paso de un tren, luego de muchas tormentas, heladas, sequías
y ventarrones. El riel ultraliviano del CGBA, soportaba de
nuevo el peso de una locomotora... ¿otra vez jodiendo por
acá? (se
preguntaron...). Todas las rutas y caminos se han alejado.
Quedamos solos, desplazándonos una vez mas por el llano
bonaerense, bajo el sol y la brisa.
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Kilómetro 20 - Est.
Pinzón

A las 12.30
llegamos a la estación Pinzón. Lindo promedio ¿No?, una hora
y 20 minutos para hacer 20 kilómetros.
La estación es la
clásica construcción del 2° tipo de las del CGBA. Desde las
pocas casitas que afloran en el pueblo, salieron los
curiosos a ver el tren, que regresó solo para llevarse el
cereal -solo para hacer negocios-. Pero la gente se pone
feliz igual, por que el tren siempre tubo esa extraña
capacidad de generar una sonrisa, un comentario, una llamada
de atención. Un carguerito pintoresco como este no pasa
desapercibido, y menos por estos pagos.
El reloj del
CGBA quedó parado a las 3 y 10, quien sabe de que día, hace
cuanto... Tal vez años.
Los trenes de pasajeros por este
ramal prácticamente nunca existieron, sin embargo, no es
casualidad que hoy estemos de vuelta con tolvas por esta
zona: dicen los viejos "compañieros" de Tapiales, que en los
años '70 / '80, el ramal a Vedia le "daba de comer" al resto
de la red "sur" del F. C. Belgrano. Y no me parece una
locura. Está es una zona cerealera por excelencia y tiene
mucho futuro. Es una lastima que el resto de la red
"rentable" del CGBA (Pergamino - Villars - Moquehuá -
Patricios) esté sin trafico, solo por falta de decisión e
inteligencia. Es una mina de oro adormecida ante la falta de
voluntad política.

( Detenidos
en Pinzón. Noten el buen estado de los vagones, reparados
recientemente en San Cristobal)
Una
de las curiosidades del viaje fue los buenos vagones que
trajimos. Estaban recién reparados en los talleres de San
Cristóbal, y lucían impecables.
Acá en
Pinzón, vive el Jefe de estación de Pergamino, Luis Pagani,
uno de los mayores coleccionistas
del país de todo tipo de elefantito de la suerte.
En este lugar
paramos un rato, por que uno de los muchachos del Belgrano
tenía que hacer una llamada telefónica. No me pregunten para
que, por que yo estaba tan compenetrado mirando y
disfrutando la escena que no llegaba a percibir otros
estímulos. Es mas, ni me interesaba saber por que habíamos
parado, simplemente yo iba por donde iba el viento.
Menos
mal que Ale sacó estas fotos que estamos viendo, y me
ayudaron un poco a caer en la realidad, para ver como se
formo la cronología de este viaje de exploración. También
podrán advertir que no hablé mucho de los obstáculos que se
nos aparecieron en una vía que no se usaba hace dos años...
Porque milagrosamente, no había mucho más que pasto y un
poco de tierra en los pasos a nivel, pero todo yacía
intacto.

( Estas
placas se conservan en el edificio principal de la estación
Pinzón. Fotos: Ale Braulke)
A las 12.57
partimos de Pinzón. Otra vez en el llano, a paso de hombre,
y con el motor de la Alco prácticamente regulando, llevando
atrás apenas cinco vagones vacíos (el equivalente a no llevar nada).
En algún punto de los largos campos sembrados con soja,
ingresamos al partido de Rojas, en donde se halla la
estación Carabelas, ¡la esperada del día!.
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(Si,
ven bien, hay SOJA en el terreno del Ferrocarril, total
"ese tren no pasa mas". Foto: Fede Pallés) |
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Llegada a Estación
Carabelas...
En el camino,
nos encontramos con una montaña de tierra que había surgido
por la excavación de un canal aliviador. Como esta es la
"vía muerta" (para
la gente), toda la tierra fue colocada sobre los rieles,
pero un día antes de nuestro paso, una cuadrilla municipal
se encargó de limpiar todo (una vez confirmado el paso del
tren. Sino, todo hubiese quedado así nomás... ¡y
arréglenselas!)
Y bien
amigos, luego de recorrer 33 hermosos kilómetros con este
pequeño carguita del Belgrano, llegamos a Carabelas, minutos
antes de las dos de la tarde.

(La alquito
-y mucho pasto-
metiendo los vagones en la playa de la estación Carabelas.
Foto: Fede Pallés)
Pasamos de
largo el edificio de la estación, hasta llegar a la punta
Oeste de la playa, en donde metimos los vagones marcha
atrás, hasta dejarlos cerca de los silos, con el trigo listo
para ser cargado, con destino Rosario.

No
se como hicieron los vagones para guiarse por esos rieles. Haber hecho este viaje me abrió mas la mente en cuanto a la
capacidad de un tren a circular por vías muertas. Acá se labura "a lo macho", sin muchas previsiones, y dependiendo
de la suerte de que "ahí abajo" esté todo Ok.
Mientras Guille Glowacki y Ale Braulke descansaban en la
estación, Juan Manuel, Franco y yo seguíamos en la máquina,
sobre el paso a nivel oeste, junto a los demás muchachos del
Belgrano Cargas. En ese paso a nivel nos encontramos con la
cuadrilla que había revisado los cambios y un par de cositas
mas. A bordo del tren también se encontraba el inspector de
máquinas y el inspector de vía, quien marcaba los golpes y
sacudones mas graves del recorrido... "El
toma nota de los golpes y todo eso, pero generalmente nadie
va a arreglarlo" (decía
el maquinista, entre bromas).
Los peones del
silo ya habían estado esperando el tren un buen rato antes,
y había probado el funcionamiento de los cambios de entrada.
A todos esos muchachos se los veía con una sonrisa en la
cara... Nosotros estábamos igual, no podíamos esconder la
alegría de volver a ver movimiento ferroviario en Carabelas.
Si vemos la foto
de la vía principal
(IZQ) creeríamos que se trata de la última
vía secundaria del más remoto desvío de la playa. En las
semanas siguientes, y con el mismo método (tolva
adelante, y locomotora atrás empujando) se
siguió "limpiando" hasta Ferré, otro potencial punto de
carga para el G-6. Pinzón también tenía grandes silos, pero
por el momento no había pedidos desde esa estación.
Mas imágenes de
Carabelas...



Casi toda la
tripulación regresó en el camión de la cuadrilla a
Pergamino, y nosotros lo hicimos, obviamente, a bordo de la
6768, esta vez liviana por las pampas.
Pasamos por
la estación y vimos como Ale sacaba una y otra foto (¡ya
iba por las 150!). Cuando atravesamos los cambios,
saludamos a los vecinos que se habían arrimado y... ¡Epa!...
¿YA NOS VAMOS? . . . ¡Ale y Guille habían quedado en la
estación, creyendo que solo fuimos a hacer maniobras!. Por
suerte los flacos del Belgrano (con la mejor onda) aplicaron
el freno, invirtieron marcha y volvimos en buscar de los dos
"pasajeros" (si retiro las letras "sa" cabería
mejor adjetivo jeje).
Felizmente, a
las 14.24
partimos todos juntos con la alquito en dirección a
Pergamino, viendo la pisada de nuestro viaje de ida sobre
el pastizal. Circulamos a unos 20 / 30 km/h., dando unos
barquinazos estupendos, parecía que en la primera de cambio
volcábamos por ahí, ¡y eso que íbamos a una velocidad
razonable!.
Raudamente
desfilamos por Pinzón y, un rato después, empezamos a
divisar el terraplén de ascenso para cruzar el ramal del San
Martín.
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(Tercera parte: Otro puente más para
recordar)
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(Primera
parte: Amaneciendo en Pergamino)
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